jueves, abril 14, 2022

El aeropuerto




Es de mañana en una ciudad lejos de casa, estaba de vacaciones y hoy debo regresar a casa. Voy  en un bus observando el azul de la mañana, el fuerte sol ilumina opulentas fuentes de color azul turquesa de los hoteles de la zona, pienso en a donde será mi próximo viaje, pienso en que podría ir a Chile, ir a Santiago a visitar a un viejo amigo. En mis audífonos escucho un programa de radio, es algo así como un show; un invitado especial que se espera hable de ciencia habla de manera incoherente, los anfitriones del show creen que es una broma, pero el invitado sigue hablando de manera incoherente. Mejor pongo atención al paisaje.
No reconozco el país en el que estoy, simplemente sé que estoy lejos de casa, solo, no conozco a nadie y soy feliz. El bus ha parado, hemos llegado al aeropuerto, curiosamente llevo solo una pequeña maleta. Bajo del bus junto con el resto de turistas, la temperatura exterior es fresca, me doy cuenta que estoy vestido con ropa de diario, jean, camisa, una chaqueta y unos viejos tenis imitación de Adidas.
Entro al aeropuerto, me recibe una inmensa galería con ventanas de cristal, desde las cuales se pueden ver las hermosas fuentes color turquesa que rodean al aeropuerto. El aeropuerto está lleno, la gente va y viene, en el murmullo se pueden distinguir varios idiomas. Sé que realicé el check in antes de venir aquí, así que no debo preocuparme por las filas, solo debo esperar.
Camino solitario entre la gente, observando los detalles de sus trajes, de sus rostros, en medio de la algarabía y del murmullo de la gente afanada y alegre, un sentimiento de soledad y de nostalgia me inunda. Quiero escuchar música, al encender la radio en el celular, nuevamente está el científico incoherente en los audífonos, no tiene sentido volver a prender la radio. La mañana es preciosa en este lugar, las fuentes turquesa, la luz de la mañana, es tan hermoso, y a la vez tan nostálgico
Caminando llego al extremo occidental de la galería, en esta sección hay pequeñas secciones separadas por separadores que parecen pequeñas rampas resbaladizas para patinetas, pienso que sería divertido deslizarme por una de ellas, pruebo si mis viejos tenis servirían para la 'hazaña'. LO HACEN. Sin dudarlo resbalo por la última de aquellas rampas, el suelo liso del aeropuerto ayuda a que siga un poco mas con algo de velocidad, doy un par de giros; mientras mi velocidad disminuye observo la moderna cafetería al aire libre con asientos de hierro y parasoles que hay en este extremo del aeropuerto.
Pienso que quiero grabarme deslizándome por la rampa para subir el video a redes sociales, tomo el celular de mi chaqueta, busco la aplicación de la cámara, pero no la encuentro, y si la veo se mueve de lugar. Mientras estoy allí buscando la aplicación de la cámara, pasa una gran grupo de ejecutivos vestidos de traje negro que parecen no darse cuenta que estoy allí, quedo atrapado en medio de ese grupo, y mi conciencia de ensueño es llevada de nuevo a la  negrura.

sábado, marzo 05, 2022

Valentía

 No es que no haya vuelto a soñar, si no que empecé a temer a este estado de conciencia. He viajado tanto a través del mundo onírico, he sentido la magnifica opulencia de nuestras mentes, de nuestros cerebros, de nuestras conciencias, pero también como dice Lovecraft en unos de sus cuentos, 'He visto cosas, que me guardaré de no volver a ver'.

No recuerdo exactamente cual fue aquel sueño, que me hizo temer a los sueños lúcidos, tanto es así que no lo anoté, tanto es así que no lo recuerdo, o quizás fueron aquellos sueños donde parecía pasar días enteros en ese plano los que  me hicieron dudar de mi cordura, y decidí dejar el mundo de los sueños, poner los pies en la tierra, los pies en esta realidad tan humana, que pensaba insípida.

Tras estar tanto tiempo lejos de los sueños, y tras de una temporada explorando los psicodélicos, solo puedo pensar que lo onírico hace parte de mi, que siempre dentro de cada uno hay una última frontera por explorar, y al mismo tiempo debemos llevar nuestras vidas que ya no considero insípidas, sino tan llenas de detalles que alimentan nuestros sueños y nuestras exploraciones profundas de nosotros mismos. 

Quiero volver a soñar y recordar, ahora con menos premura de ver espectaculares seres de colores o de volar por campos de flores infinitos, pero si quiero tener para mi ese pequeño espacio, esa diminuta parcela de fantasía en los bordes de la eternidad. 

 

Los rostros demoniacos

Me encuentro solo en un cuarto oscuro, es una especie de casa del terror. Es un gran cuarto alumbrado por una tenue y mortecina luz blanca, las paredes están cubiertas de velos negros deshilachados. No siento temor. No sé por que estoy allí, quizás es sólo una atracción en un bizarro parque de diversiones onírico.

De un momento a otro la pared frontal del cuarto, se ilumina, siento algo de temor, las luces de aquella pared iluminan tres espantosos cuadros de rostros de demonios, aquella pared pareciera moverse lentamente en dirección mía, al ir avanzando los rostros demoniacos cambian.

Quiero salir de allí, pero no puedo. Aunque los rostros no se mueven son realmente espantosos aun cuando solo están dibujados a lápiz sobre lienzos de un suave color crema, trato de buscar un a salida en los laterales del cuarto, siento algo de aprehensión no quiero ver aquellos horripilantes rostros. Súbitamente siento que debo quedarme, enfrentar a aquellos demoniacos rostros, lleno de valor vuelvo al centro del cuarto. Al pararme en frente, los rostros demoniacos en los cuadros ya no cambian mas. Observo los demonios en los tres cuadros.

Observo los detalles de aquellos rostros, el del lado izquierdo es un horripilante demonio con rasgos de múltiples murciélagos, el central ha cambiado a un retrato de Drácula con una sonrisa macabra, el derecho tiene un rostro de un demonio vegetal femenino cuyo rostro es el de un cráneo, aunque a mi gusto onírico le parece macabro, es el que mas me llama la atención y con el que mas me siento cómodo

La mujer demonio se ve fría y malévola, tras de ella hay tres inmensas hojas simulando un enorme cuello de decoración, son como los pétalos de una Raflesia, las nervaciones de aquellas hojas fueron dibujadas con exquisito detalle. Mezclado con el horror y el asco, que me produce aquella imagen, también siento algo de placer estético al ver el arte y esmero con el que fue dibujado aquel maléfico rostro.

Cada vez mas la pared se acerca hacia mi, ya no siento temor, es sólo un juego. Una puerta que no había visto se abre tras mio; observo por última vez los rostros diabólicos, especialmente el de la mujer demonio, detalló los otros dos, me maravillan los detalles de los dibujos, ojalá supiera dibujar para que al despertar pudiera dibujar esos horripilantes y maravillosos rostros. 

Ahora sólo me queda salir de allí.